Cinco rutas por Navarra que no te puedes perder

Una de las características principales de Navarra es su diversidad, ya que en pocos kilómetros podemos pasar de los altos picos de los Pirineos y los frondosos hayedos del norte al desierto de las Bardenas en el sur. Cada zona tiene su peculiaridad y a continuación les vamos a proponer cinco recorridos por Navarra que esperamos sean de agrado.

1 OLITE Y LA BARDENA BLANCA  

Olite y su castillo, uno de los más espectaculares de toda España, es visita casi obligada cuando se viene a Navarra. Cerca está, subiendo a la sierra, el pueblo de Ujué con sus casas apiñadas en torno al Santuario fortaleza de Santa María, y ya descendiendo a la ribera del río Aragón nos encontraremos con el monasterio de la Oliva, un conjunto monacal en estilo cisterciense de gran belleza y armonía. Estamos ahora en la puerta de entrada al Parque Natural de las Bardena Reales, un extenso y desértico territorio que tiene en los parajes de Piskerra y el Castildetierra sus principales atractivos turísticos.

2 VALLE DEL BAZTÁN – TIERRAS DEL NORTE

En las tierras del norte está el valle del Baztán, un paisaje de una belleza tranquila fundamentada en sus prados, bosques, ríos y regatas y pueblos de robustos caseríos. Elizondo es la capital del valle, el pueblo más grande cuyos palacios y antiguas casas se distribuyen a ambos lados del río Baztán. Nos acercaremos hasta el Señorío de Bértiz, un antiguo jardín botánico con una gran variedad de especies arbóreas y pintorescas construcciones en estilo modernista. Más lejos quedan las cuevas de Zurragamurdi y las de Ikaburu junto al pueblo de Urdax  en el que podremos dar un agradable paseo junto a sus canales, sus casas de indianos y su monasterio. Cualquier sitio es bueno para conocer la naturaleza del valle, pero puestos a escoger los embalses de Leurtza   o la cascada de Xorroxin son los enclaves más visitados.

 3 VALLE DE SALAZAR Y SELVA DE IRATI  

Ochagavía es uno de los pueblos más bellos de todo el Pirineo, con sus calles de piedra y sus pintorescas casas situadas a ambos lados del río Anduña. Desde Ochagavía accederemos a la Selva de Irati, el mayor bosque hayedos y abetos de todo Europa, que tiene en el pantano de Irabia su principal foco de interés, especialmente en otoño, cuando las distintas tonalidades de los árboles se reflejan en sus limpias aguas. A medio camino hacia Roncesvalles encontraremos el pueblo de Jaurrieta que tiene un agradable paseo hasta la ermita de la Virgen Blanca. En la Colegiata de Roncesvalles podremos ver partir a los peregrinos hacia Santiago y visitar su iglesia, una de las más interesantes del gótico navarro, y el claustro en el que está enterrado el rey navarro Sancho el Fuerte vencedor en la batalla de las Navas de Tolosa.

4 TIERRA DE JAVIER Y FOCES  

Dos ríos, el Irati y el Salazar, han dado lugar a dos escarpados desfiladeros, las foces de Lumbier y de Arbayún. La primera se puede atravesar de lado a lado por lo que fue la antigua vía de un tren, y a la segunda únicamente se puede uno asomar a sus paredes de vértigo. Muy cerca están los históricos lugares de Leyre, Javier y Sangüesa. Leyre es un antiguo monasterio encaramado a la sierra del mismo nombre que tiene una misteriosa cripta románica y unas espectaculares vistas del pantano de Yesa, el “mar de los Pirineos”. Javier es un castillo, cuna del San Francisco Javier patrón de Navarra y de las misiones, recientemente restaurado y muy agradable de visitar. Por último Sangüesa, capital de la merindad de la montaña, con su animado casco histórico que tiene en el pórtico románico de la iglesia de Santa María la Real su principal punto de interés.

5 PAMPLONA  

La visita a Pamplona debe incluir el recorrido del encierro, un corto paseo por las calles del casco histórico imaginando que seis toros bravos nos persiguen a la carrera. La catedral  es visita casi obligada, en ella encontraremos un imponente templo gótico de 28 metros de altura y un claustro de elaborada decoración escultórica que es la joya de la ciudad. No olvide recorrer  las murallas, especialmente en el tramo del Caballo Blanco y el baluarte del Redín  y visitar la ciudadela, para así hacernos una idea de lo inexpugnable que resultaba Pamplona en los tiempos en que el enemigo venía del otro lado de los Pirineos. Por último queda callejear por el casco antiguo, yendo de bar en bar, practicando la sana costumbre de ir de pinchos, o tapas, para terminar degustando la rica gastronomía navarra en alguno de los mejores restaurantes de la ciudad.